POR UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD

Una educación de calidad es aquella que asegura a todos los jóvenes la adquisición y desarrollo de competencias en todos los ámbitos, capacidades, destrezas y actitudes necesarias para equipararles en su vida futura como adultos en una sociedad cada vez más compleja y competitiva, donde el común denominador es la eficiencia y la efectividad en el campo de desempeño, bien sea en lo laboral, familiar y/o social.

Los retos que la sociedad le plantea al joven de hoy son disímiles: ser buen ciudadano en cuanto al cumplimiento de las competencias de esta índole, capaz de ser agente constructor de paz y de desarrollo social, generador de ideas innovadoras que contribuyan al rompimiento de paradigmas de la ciencia y gestor de modelos que sirvan para perpetuar el sistema de valores imperante en la sociedad.

Cumple la escuela un papel fundamental en el desarrollo de todas las competencias en mención. Pero la diferencia entre una educación y otra, radica en el nivel de los desempeños alcanzados por el joven y su capacidad para ejecutar o poner en práctica para su servicio y el de los demás lo que ha llegado o logrado adquirir en el establecimiento. Sin duda, no toda la responsabilidad recae en la institución educativa; corresponde a la familia buena parte de su desarrollo sobre todo en lo concerniente a lo axiológico, lo cual, acompañado de una formación integral, debe dar como resultados jóvenes competentes para una sociedad altamente exigente y competitiva.

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Desde la esfera de los valores, un sistema educativo de calidad se caracteriza por su capacidad para ser accesible a todos los ciudadanos; facilitar los recursos personales, materiales y organizacionales ajustados a las necesidades de cada estudiante, que promueva su progreso académico y personal; facilitar el cambio e innovación en la institución escolar y sus aulas; incentivar la participación activa del alumnado, tanto en el aprendizaje, como en la vida de la institución y estimular, facilitando el desarrollo y el bienestar del profesorado.

Hoy en día, la competitividad de una sociedad depende de la calidad de su fuerza de trabajo, para lo cual la educación tiende a formar ciudadanos con capacidades tales como el dominio de la lengua, la comprensión de los fundamentos de las ciencias y de las nuevas tecnologías, el pensamiento crítico, la facultad de analizar problemas, de distinguir hechos y consecuencias, de adaptarse a situaciones nuevas, de comunicarse y de comprender al menos una lengua extranjera, la fortaleza de trabajar en equipo, el gusto por el riesgo, la expresión de la responsabilidad y la disciplina personal, la capacidad para tomar decisiones y el compromiso, la iniciativa, la curiosidad, la creatividad, la búsqueda de la excelencia, el sentido del servicio a la comunidad y el civismo; facultades que en su conjunto se vienen desarrollando en el aula de clase, desde los más tempranos años de la escolaridad y que se acrecientan en la medida en que se avanza en el proceso.

¿Qué determina la calidad de la educación que ofrece el Colegio Militar?

A partir del año 2012 le empezamos a apostar a la conjunción de cuatro grandes aspectos: Exigencia académica, disciplinaria, comunicación efectiva y vinculación de tecnologías, a fin de mejorar la prestación del servicio educativo y poner la institución en los niveles de competencia exigidos no solo en los aspectos cognitivos sino en los actitudinales y valorativos. Lo anterior, ha permitido inferir los progresos en esta materia y el reconocimiento de la comunidad educativa regional. Hoy, podemos decir con orgullo que somos la mejor institución educativa militar de Colombia, honor alcanzado entre más de cincuenta colegios militares del país, y que estamos avanzando significativamente en la búsqueda de la excelencia, con exigencia y compromiso de todos los agentes involucrados en el proceso día a día, a través de buenas prácticas pedagógicas y de una preparación exhaustiva para las pruebas externas estatales, que debe conducirnos a un mejor posicionamiento en la élite académica educativa.

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Todo lo anterior, en la medida en que se optimizan los recursos materiales disponibles: aulas de clase, aulas especiales, biblioteca, laboratorios, instalaciones deportivas, mobiliario y recursos educativos; los recursos humanos: nivel científico y didáctico del profesorado, experiencia y actitudes del personal en general, capacidad de trabajar en equipo, relación alumnos/profesor, tiempo de dedicación, etc.; la dirección y gestión administrativa y académica del centro educativo: labor directiva, organización, funcionamiento de los servicios, relaciones humanas, comunicación efectiva, coordinación y control; y, finalmente, los aspectos pedagógicos: PEI, sistema institucional de evaluación, modelo pedagógico, adecuación de los objetivos y los contenidos, tratamiento de la diversidad, metodologia didáctica y utilización de los recursos educativos, los cuales hacen parte del sistema de gestión institucional que apunta a la búsqueda de la excelencia, enmarcado dentro de los conceptos de exigencia, excelencia y calidad educativa.

Los servicios y las actuaciones que realizan las personas son los que determinan la calidad de toda organización. En este sentido es muy importante su participación y compromiso, pues en buena medida depende no solo de los agentes que ofrecen el servicio, sino de los receptores del mismo. Lograr compromisos en términos de calidad en los estudiantes no es tarea fácil; la diversidad social e intelectual de los alumnos chincaístas obliga a la innovación didáctica permanente y a la actualización pedagógica formal.

La organización de la propuesta de construcción de competencias cognitivas supone, en primer lugar, la intervención didáctica, es decir, lo que ocurre en el aula. Éste es uno de los espacios más críticos para el análisis de la calidad, porque allí se juega la transmisión y la generación del conocimiento. En segundo lugar, la organización de la propuesta de enseñanza abarca decisiones sobre los procesos pedagógicos a nivel institucional como, por ejemplo, las características de la convivencia y la disciplina, y los modelos de evaluación y promoción generados a partir de la normatividad vigente y el grado de autonomía permitido a los establecimientos. Esto, que a primera vista parece una decisión referida sólo a la “propuesta didáctica”, supone también modelos de distribución de tiempo y espacio (o sea organizativos). Del mismo modo, la organización de la institución está abierta para recibir el influjo del avance del conocimiento científico que se genera en el mundo académico, tendencias pedagógicas innovadoras e incorporar dentro de sus formas organizativas mecanismos adecuados a las edades de los estudiantes que permita hacer de los procesos académicos institucionales más inclusivos y efectivos.

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